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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad, como dolencia, es un estado de activación a nivel corporal, por tanto es una alteración física que no se puede controlar con la voluntad, igual que no se puede controlar un dolor de cabeza o un dolor de estómago.

Origen de la ansiedad

Las personas nacemos con este recurso que, en su justa medida, nos alerta, previene y protege, y que se desarrolla, como el resto de nuestra estructura psíquica, en la infancia, en base a la relación de autoconfianza que la persona inicia consigo misma. Cuanto mejor sea esa relación menor será la posibilidad de sufrir una crisis de ansiedad.

Causas de las crisis de ansiedad

La ansiedad se produce ante una situación que pone en peligro nuestro equilibrio psíquico (mental y emocional), nuestra estabilidad. Cada persona mantiene su propio equilibrio, adaptándose a las situaciones cambiantes de la vida, pero cuando los acontecimientos sobrepasan nuestra capacidad adaptativa de afrontamiento, por ser demasiado intensos o numerosos, o producirse en un momento de especial fragilidad, perdemos ese equilibrio vital y necesario, y tememos por nuestra supervivencia (nuestra capacidad de sobrevivir a la situación).

Síntomas

El síntoma fundamental de la ansiedad es la inquietud constante, un estado de intranquilidad permanente, como de alarma, que da lugar a otros síntomas consecuentes, y no a la inversa:

– Miedo (imposibilidad de control)

– Impaciencia (nerviosismo)

– Irritabilidad (mal humor)

– Angustia (pensamientos negativos)

– Impotencia (culpa, vergüenza)

– Tristeza (desconsuelo)

– Agotamiento (tensión constante)

– Insomnio (estado de alerta)

– Falta de concentración (olvidos, despistes)

– Náuseas, dolor de cabeza…

La ansiedad continuada produce un desgaste físico y psíquico que la mayoría de las veces acaba en depresión, una enfermedad más grave y de la que es más difícil recuperarse, por eso es importante tratarla adecuadamente y cuanto antes.

Tratamiento

Como en cualquier dolencia física, hay que aliviar los síntomas con la medicación adecuada y realizar la exploración oportuna para encontrar su causa mediante la psicoterapia. A partir de ahí, se llevarán a cabo los cambios necesarios a nivel psíquico para lograr la autoconfianza que permita restablecer el equilibrio y la salud.

Prácticas aconsejadas

– Es fundamental la tranquilidad (retirarse a solas siempre que sea necesario)

– Evitar confrontaciones y situaciones de tensión, o muy bulliciosas

– Asumir nuestra enfermedad y respetar sus limitaciones en nuestro quehacer diario. No sobrecargarnos ni intentar hacer todo lo que hacíamos anteriormente

– Distraer la mente ante pensamientos negativos (leer o ver historias ajenas amenas)

– Respiraciones profundas y relajación

– Comprensión y paciencia con nuestro sufrimiento

-Intentar no culpabilizarse, nadie es responsable de sus enfermedades

– Repetición interna de frases amables y de valoración para darnos confianza

-Valorar diariamente nuestro esfuerzo por mantenernos relativamente estables

– No perder la esperanza en nuestra recuperación