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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un estado de activación a nivel corporal, es por tanto una dolencia física que no se puede controlar con la voluntad, igual que no se puede controlar un dolor de cabeza o un dolor de estómago.

Origen de la ansiedad

La ansiedad se produce ante una situación que pone en peligro nuestro equilibrio psíquico (mental y emocional), nuestra estabilidad. Cada persona mantiene su propio equilibrio, adaptándose a las situaciones cambiantes de la vida, pero cuando los acontecimientos sobrepasan nuestra capacidad adaptativa de afrontamiento, por ser demasiado intensos o numerosos, o producirse en un momento de especial fragilidad, perdemos ese equilibrio vital y necesario, y tememos por nuestra supervivencia (nuestra capacidad de sobrevivir a la situación).

Síntomas

El síntoma fundamental de la ansiedad es la inquietud constante, un estado de intranquilidad permanente, como de alarma, que da lugar a otros síntomas consecuentes, y no a la inversa:

– Miedo (imposibilidad de control)

– Impaciencia (nerviosismo)

– Irritabilidad (mal humor)

– Angustia (pensamientos negativos)

– Agotamiento (cansancio)

– Impotencia (culpa, vergüenza)

– Tristeza (desconsuelo)

– Náuseas, dolor de cabeza…

La ansiedad continuada produce un desgaste físico y psíquico que la mayoría de las veces acaba en depresión, una enfermedad más grave y de la que es más difícil recuperarse, por eso es importante tratarla adecuadamente y cuanto antes.

Tratamiento

Como en cualquier dolencia física, hay que aliviar los síntomas con la medicación adecuada y realizar la exploración oportuna para encontrar su origen, mediante la psicoterapia. A partir de ahí, se llevarán a cabo los cambios necesarios a nivel psíquico para restablecer el equilibrio y la salud.

Prácticas aconsejadas

– Es fundamental la tranquilidad (retirarse a solas siempre que sea necesario)

– Evitar confrontaciones y situaciones de tensión, o muy bulliciosas

– Asumir nuestra enfermedad y respetar sus limitaciones en nuestro quehacer diario. No sobrecargarnos ni intentar hacer todo lo que hacíamos anteriormente

– Distraer la mente ante pensamientos negativos (leer o ver historias ajenas amenas)

– Respiraciones profundas y relajación

– Comprensión y paciencia con nuestro sufrimiento

-Intentar no culpabilizarse, nadie es responsable de sus enfermedades

– Repetición interna de frases amables y de valoración para darnos confianza

-Valorar diariamente nuestro esfuerzo por mantenernos relativamente estables

– No perder la esperanza en nuestra recuperación